miércoles, 4 de julio de 2012

Sólo quiero saber que me quieres


A veces, sólo necesitamos escuchar un "te quiero"  de esa persona que se vuelve la más importante en tu vida. A veces desistimos, al darnos cuenta que sólo fuimos un momento de su vida.



—¿Me quieres? –pregunté desesperada.
No oí respuesta. Él estaba ahí, frente a mí, sin decir nada. No se perturbaba, no hacía nada, no se movía.
—¿Me quieres? –insistí— ¿Me quieres? –volví a decir, pero ahora intentaba golpear su pecho.

Sus fuertes brazos me habían tomado por los codos y me impedían lograr mi afán.

—Dime tan sólo si me quieres –insistí una vez más con la voz desgarrada, con un grito que me dolió hasta el alma.

Mis lágrimas ya no paraban, era inútil contenerlas. Mi cabeza cayó rendida ante su pecho. Él levanto mi barbilla con su pulgar y su índice hasta que nuestras miradas se cruzaron.

Empezaba a perderme en su mirada, aquella que siempre me llevaba a lugares inimaginables. Mis lágrimas aún corrían como un río, mi respiración se estaba tranquilizando. Sólo anhelaba besarlo apasionadamente, no pensaba en nada más. Pero no, no debía hacerlo.

—Una vez te dije que algún día yo te parecería el peor hombre del mundo.

Yo asentí. Entonces me pareció el peor. Estaba ahí, tan tranquilo como siempre, viendo cómo yo me deshacía por él, por saber  que aún sentía algo por mí.

—Una vez me dijiste que te dejara en paz –le respondí sin intención de atacarlo. Él no esperaba mi reacción –y traté de hacerlo. Ya me lo habías pedido muchas veces antes y siempre volvías. Incluso después  te tenía seguro, yo sabía que volverías. Pero ahora era diferente. Tus palabras tenían algo que me convencieron, de verdad era el final. No estaba mal, al contrario, estaba tranquila, lo entendía, mi mente pensaba en que era lo mejor, aunque mi corazón estaba bloqueado, no podía imaginar ya no leerte, oírte, saber de ti.  Pero estaba decidida en que era lo mejor –suspiré. Él no decía nada.

—No había pasado ni una semana y ya me buscabas de nuevo –decidí continuar—, querías platicar, decías, pero no pudo concretarse nada. Lo había entendido como una señal, de nuevo comprendía que era mejor así. Dos días más tarde me dijiste que habías estado pensando en mí y que querías estar conmigo. ¿Qué hacía? –pregunté desesperada—Yo te amo tanto que haría cualquier cosa por estar contigo, aunque sea un instante.

—No puedo ofrecerte nada –dijo dolido—, siempre te lo he dicho.

—Lo sé y nunca te pedí nada –suspiré de nuevo—, pero entiende lo que yo siento. Entiende que mi corazón se quiebra cada vez que sé que estás con ella, que pasas toda una tarde a su lado, que la celebras, le festejas, porque es tu prioridad. Ese día que no volviste me sentí mal, traicionada, usada. Me imaginé mil cosas. Una comida, una cena, una tarde juntos. Vino, champagne. En fin, tú y ella. Me duele que jugaras con mis sentimientos, que te aprovecharas del amor que te tengo para satisfacer tu fantasía, y que nada de esto merezca que te acuerdes de mí, ni siquiera en mi cumpleaños.